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Rick: “Malditos recuerdos de la infancia”

Posted By Rick Deckard On 7th Abril 2008 @ 21:27 In Personales | No hay comentarios

Amén hermanos lectores. Os escribo en susurro desde el futuro, y escondido bajo el ábside de la pequeña basílica celestial del monasterio central de Psilos (una orden que rinde culto a los psicólogos agricultores que se ganaban la vida tratando a sus pacientes rodeados de pajas… y esto se puede entender desde el lado más inocente al más perverso de la literalidad, porque las variantes de esta secta son incuantificables). Os preguntaréis: “¿qué hace nuestro amigo Rick Deckard encerrado en un lugar tan siniestro como este, rodeado de monjes replicantes y monjas que hacen yemitas de San Isidro X el dominator?”. Pues muy sencillo, vine a este lugar en busca de una pista infalible que revelaría de una vez por todas la verdad sobre mi existencia (y de paso, sobre la existencia de Dios, un tipo que, como yo, no tiene los papeles en regla ni muy claro de que sea o no una creación del hombre)…

Todo empezó tras perder mi empleo. Mi ex santa esposa decidió que verme todos los días tirado en el sofá, soñando con ovejas eléctricas, y rascándome la ingle con pertinaz entusiasmo, la ponía más cachonda que un batido de afrodisíacos… Así que de un día para otro, no sé si arrepentida por haberme engañado con aquellos replicantes, me convirtió en su juguete sexual. Aquello fue la gota que… _no, perdón, me tenía tan exprimido que al recordarlo no puedo ni usar esta expresión_ Aquel continuo magreo y rozamientos fueron el motivo que me hizo reemprender mi búsqueda (o eso, o hubiese acabado con toda mi reserva seminal para los próximos 500 años, y no está uno para perder la opción de dejar embarazada a una reina de algún país extranjero, una princesa de planeta antes conocido como Plutón o una califa del cinturón de castidad de Orión).

Mi primer paso… lo di a la tierna edad de 12 años, y ese recuerdo de mi padre diciéndole a mi madre: “essst’ijo tuyo es más tonto que undeoenelculo” (con un más que sospechoso acento andaluxxx cuando mis padres siempre habían dicho que eran de Carabanchel súper alto, el que está entre el alto y el estratosférico) fue por lo que me percaté de que tal vez mis padres no fuesen nada mío en realidad, y que su desaparición repentina de mi vida un 13 de mayo (día de la virgen) de hace 27 años, debía guardar relación en esta conspiración que es la dificultad administrativa para saber si yo soy, o no, un replicante. Así que me dije: “Rick, es hora de buscar a tus padres”.

Opté en ir primero a por mi madre, por eso del complejo de Edipo. Y sin pensarlo dos veces, me compré un cybermono para que me hiciera compañía durante el viaje y darle así un cariz más sentimental y mítico. Pero esto último sólo me trajo complicaciones, porque el monito estaba tan bien hecho que me trasmitió el virus del ébola y tuve que ser ingresado de urgencia antes de llegar ni siquiera a la esquina de mi calle (esta es una de las causas de mi retraso en volver al blog). Muerto el cyberbicho de un pisotón en el cráneo con mis botas de policía, reemprendí el viaje en busca de mi madre. Tuve muchas suerte, y la encontré justo donde mis amigos decían haberla visto por última vez… En el andén de una estación abandonada, con su bagpack de piel marrón, y su vestido de domingo. Cuando le pregunté si me conocía, me dijo: “Tú no eres quien yo espero”. Así que preferí dejarla con su paranoia de fanática de Serrat, porque cuando mi madre se ponía a idolatrar a alguien era única, y hasta que se pasase este momento de locura (que ya duraba 10 años según me contó el maquinista en paro que rondaba por la zona buscando trabajo) mejor marcharse.

Raudo cogí un teletransporte a Carabanchel Súper Alto, a buscar a mi viejo (si es que aún vivía). La vuelta al barrio trajo a mi cabeza muchos recuerdos de la infancia (casi todos ellos de mi persona intentando aprender a caminar, y el resto, de mis compañeros de clase intentando partirme las piernas para que dejara de hacerlo). Mi antigua vivienda era ahora una sucursal del Banco Hispano Americano Marciano (leñe, que “cantautoril” me está quedando este post) pero lejos de emprenderla a pedradas de nanogranito contra los cristales láser, entré en el edificio civilizadamente y me entrevisté con el administrador de la finca para que me dijese todo lo que fuese posible sobre los antiguos inquilinos. El administrador fue muy amable, sobre todo cuando habló de mí (sin saber por supuesto que era yo a quién se refería) diciendo que era un tipo peculiar, que había llegado a detective privado y era el orgullo del barrio, aunque muchos sospechasen que podía ser el replicante, pero que él se negaba a pensar que alguien que tarda tanto en aprender a hablar puede ser tan sofisticado como estos últimos.

Tras repasar la vida de los 300 vecinos de aquel bloque, llegó a mi padre, del que dijo: “algo traumático debió pasarle, porque se hizo monje y se fue al monasterio central de Psilos”. Tras esto, el buen administrador de la finca, que se llamaba Paco, pero al que sus amigos llamaban “el Bombona” por su cuerpo deforme y sus continuos pedos, recibió un disparo en el pecho de un francotirador al que no alcancé a ver porque corrí del lugar como dinero que se lleva el inspector de Hacienda. Parece que alguien sigue empeñado en que no descubra mi pasado…

Y así fue como llegué hasta el Monasterio Central de Psilos. Situado en un lugar indeterminado del cielo y al que sólo se puede llegar en helicóptero. Me he hecho pasar como un fiel de la secta con tal de dar con mi padre, y tras los 6 meses de bienvenida en los que te hacen rezar el Rosario en 98 idiomas, luego te dan clases de Kung Fu, de cocina, de ofimática, y de historia (con sus éxamenes y todo), por fin, puedo campar a mis anchas por el monasterio para encontrar a mi padre…

De modo que termino esta entrada, e inicio mi búsqueda. Algo que os contaré, si no ocurre nada raro, en mi próxima entrada: “Malditos Seminaristas”

Un saludo y amén.

Rick


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