Misterio

La mano se cierra sobre el folio y lo golpea sin obtener transformación alguna, deja ver al retirarse unos versos inacabados. “Recuerdo” es la única palabra que puede leerse.
Ahora la mano forma parte de un hombre concreto que vemos desaparecer por la estrechez de un callejón. Parecia un poeta trágico sufriendo visible desesperacion en cada uno de sus pasos antes de desaparecer en la negrura recurrente.
En el otro extremo el callejón desemboca en una plaza. Es de día y la luz inunda las intensidades de un rebaño de hombres y mujeres qué, a voz en grito, rodean a un sebudo individuo de elegante vestir que va ofreciendo promesas con sus manos vacias al tumulto que le reclama. Nadie queda satisfecho con la desoladora respuesta.
En una tabernucha dos miserables juegan al naipe ajenos a la escena que transcurre fuera. Beben vino mientras intercambian frases evocadoras de unas vidas consumidas velozmente al ritmo tanguero de un acordeonista casi invisible. Fuera se escucha un grito al que restan importancia.
El gordo yace en el centro de la vacia plaza. Un hacha asoma en su costado. Su traje de lino blanco ensangrentado. Un perro lame el charco vaporoso.
Es de noche, en otra gran plaza una orquesta improvisa unas notas para los numerosos bailarines que danzan majestuosos. El poeta trágico, apoyado en una gran fachada, fuma muy despacio un medio habano que sacó de su bolsillo. De repente suelta una gran carcajada que al retumbar en las paredes provoca a los demás complices sonrisas. La musica se ha detenido y todos se giran hacia mi y comienzan a acercarse. Y tú te has ido y de nada te servirá ya el esperarme.

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