Rick: “Malditos guardias”
En mi búsqueda desesperada por saber si yo era o no un replicante, decidí pasarme por la comisaría de policía más cercana, para pedir un certificado o algo que pudiese aclarar mi incoherente existencia; y de paso renovarme el DNI, que lo tenía caducado desde el mundial 82 (y teniendo en cuenta de que yo vivo en un futuro lejano al de los lectores que ahora me leen, pues imagínense el tiempo que hacía que no lo renovaba, que en la foto hasta salgo con las palmas juntas, rezando el Jesusito de mi vida, y con un traje sospechoso de marinero que en mis recuerdos se asocian a un día feliz y lleno de regalos).
Pues bien, cuando he llegado el poli que me ha atendido me ha saludado como si me conociera de algo… Y yo, al sospechar, le he escrutado de arriba abajo, y le he mirado a los ojos, ya que me resultaban extrañamente conocidos. Vamos, que me recordaban a los ojillos de mi padre.
Así que con una cuchara de café que tenía a mano, le he sacado al señor guardia el ojo izquierdo (pero de buen rollo y con mucha educación) y se lo he llevado a mi suegro/a (el chino del frigorífico) para que me dijera si esos ojos eran o no los de mi padre (o del que yo creo recordar que era mi padre). Comoquiera que mi suegro al verlo se ha lanzado sobre él, le ha puesto sal, y lo ha engullido de un tago, he tenido que volver a pedirle al policía si me haría el favor de dejar de ser tuerto para ser completamente ciego a fin de satisfacer mi curiosidad.
Después de dos horas de regateo, se ha negado amablemente, apuntándome con una pistola de plasma (de esas que también reproducen DVDs y que además se ven de puta madre) y con la ayuda de varios compañeros me ha invitado a salir, con varios puntapiés galácticos en los riñones como los que daba el bueno de Zinedine Zidane (ese que se retiró después del mundial de Alemania).
Total, que al final me he quedado sin saber si mi padre era un replicante, o si sus ojos habían sido usados para hacer un replicante, o directamente, si lo que pasaba simplemente es que este guardia tenía los ojos como los de mi padre (de color marrón caca común).
Y para colmo la cybergrúa se estaba llevando mi auto, por dejarlo mal aparcado delante de la ventana de una viejecita que no podía dar de comer a las palomas mutantes que todos los días van a su alfeizar a comer pelos de sobaco tostados con garbanzos (asqueroso, lo sé, pero es que las palomas de esta época no les hacen ascos a nada… no sé si las de su tiempo, querido lector, eran un poco más gurmets).
En fin, aquí terminó mi siguiente aventura en búsqueda de la verdad sobre mi existencia. Y al final de ese día me quedé con el desasosiego de pensar que mi suegro es una persona algo asquerosita, que había dejado tuerto a una persona para nada (con la paliza posterior que me llevé al salir de la comisaría) y la tristeza y desesperanza de que en 25 días tengo que volver por esa institución gubernamental a recoger mi DNI.
Un saludo.
Rick
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