El maldito Director’s cut
Pues menos mal que nos han habilitado esta web para que grandes personajes de ficción podamos divagar libremente y expresar nuestros quehaceres actuales.
Muchos me recordaréis de esa película llamada Blade Runner, del capullo del Ridley Scott (que se dedicó a quitarme protagonismo para dárselo a un robot que al final se muere solo…) En fin, muchos ya sabéis cómo acabó aquella historia, que a pesar de ser futurista, acababa como cualquier culebrón… Yo me escapaba con la secretaria del otro (manda pelotas). Pero luego tuve que ver el maldito director’s cut, para descubrir el unicornio de papel del chino ese (qué manías más raras les dan a los chinos con los papelitos) para enterarme de que quizá yo también sea un replicante.
Imagínense el cuadro queridos lectores. Yo allí, comiendo palomitas de maíz transgénico, en mi piso de protección oficial cerca de lo que algún día será Dakota Federal, viéndome en la peli de mis aventuras como otras tantas veces, pero ahora el final, en vez de ser los planos aéreos de mi coche (planos que recordaban sospechosamente a los del principio de una peli llamada “El resplandor”) salía un unicornio de papel. Y me dije, ¡coño, que igual yo también soy de carton piedra!! (bueno, de cybermúsculo y nanotecnólogía, pero ustedes ya me entienden) Y mi chica, que por ser replicante no se puede contener, se puso a replicar diciendo que eso sólo lo había puesto el señor Ridley Scott para joderme más el personaje, y que por qué quería yo meterme en sus cosas, y no respetar ni su papel de mujer especial (¡qué buenos eran los programadores que te hicieron!, pensé yo).
Así estuvimos discutiendo durante horas, hasta que me fui de casa, dándole vueltas al coco de si yo sería o no un robot. Y para despejar dudas decidí ingerir de un buche dos litros y medio de aceite de radiador (sí, en el año 2019 sigue habiendo se ese aceite… e incluso queda algún 600 dando vueltas por algunas carreteras secundarias). Quería ver si con el aceite me subían las energías y mi mente procesaba más clara (signo evidente que sería una criatura prefabricada).
Sin embargo sucedió lo que ya esperaba: ni un desagüe roto evacuá a más velocidad de lo que yo lo hice. Por lo que llegué a dos conclusiones: la primera, que el aceite esta realmente asqueroso (aunque el regustillo que te deja, que no era malo del todo, quizá haga que me dedique a investigar sus propiedades para ver si puedo dar el pelotazo comercializando algún licor sacado de este mejunje). Y dos, los replicantes estaban hechos para reaccionar como lo haría un cuerpo humano real salido de un útero humano y creado por el sistema papásemillitaenmamá, por lo que mi vomitera no probaba nada.
Así que esa noche me fui a la cama sin aclarar nada y con las dudas crecientes sobre si era o no un replicante, como mi mujer (quien no me quiso besar cuando llegué a casa, no sé si por el mosqueo, o por mi insoportable olor a aceite).
De lo que hice al día siguiente tendrán ustedes noticias próximas en este mismo blog, que ahora que les escribo acabo de recordar que tengo que ir a cenar con mi suegra/o que es un chino que tiene ojos congelados en su nevera, y que por extensión siempre cocina eso mísmo (no ojos, sino congelados) Y comoquiera que me pirran las varitas de merluza Capitan Fishcanova y el Fletán que este tío tiene cogelado desde la crisis del 95, les dejo, que hay gazuza.
Un saludo.
Rick
5,526 Lecturas




(534 votos, valoración: 2.99 out of 5)